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Corrosión bajo aislamiento: el enemigo que trabaja donde no podés mirar

Serie Refrigeration Insights. Temporada 2: El enemigo interno, entrega 4.

Mito: si el aislamiento se ve bien, la tubería está bien.

Realidad: la corrosión más peligrosa de tu planta ocurre exactamente del otro lado de esa chapa impecable, y lleva años trabajando sin que nadie la vea.

Esta semana desarmamos el mito con un trabajo técnico del IIAR de 2008, escrito por dos especialistas en corrosión: Patrick Dunn (Polyguard Products) y Richard Norsworthy (Lone Star Corrosion Services).

La receta de la corrosión tiene cuatro ingredientes

El paper arranca por los principios, y vale la pena seguirlo. Para que haya corrosión hacen falta cuatro elementos: un ánodo, un cátodo, un camino eléctrico que los una (el propio metal) y un electrolito.

La observación clave: tres de los cuatro elementos ya están presentes en cada metal. El único que falta es el electrolito. ¿Y qué es un electrolito en una planta de refrigeración? Humedad. La que trae el aire que condensa sobre superficies frías, la que entra por una barrera de vapor dañada, la que queda atrapada en el aislamiento térmico húmedo.

Por eso la corrosión bajo aislamiento (CUI, por sus siglas en inglés) es tan traicionera en refrigeración: nuestros sistemas trabajan por debajo de la temperatura ambiente, condensando humedad sobre cada superficie fría de manera permanente. El aislamiento que debía proteger la tubería se convierte, cuando se moja, en la esponja que mantiene el electrolito en contacto con el metal las 24 horas.

El doble daño de la humedad

El paper señala un efecto que suele pasar desapercibido: la humedad en el aislamiento no solo habilita la corrosión, además aumenta la pérdida de calor y deteriora el propio aislante. Es decir: mientras la tubería se corroe en secreto, el sistema también consume más energía para sostener la misma temperatura. El aislamiento mojado cobra dos veces.

La defensa: capas, no parches

La estrategia que proponen los autores es un sistema de defensa en capas: barreras de vapor bien ejecutadas, revestimientos sobre el metal aplicados antes del aislamiento, materiales aislantes de buena calidad, técnicas de instalación correctas y mantenimiento adecuado del conjunto.

El orden importa: el revestimiento sobre el metal es la última línea de defensa cuando la humedad ya atravesó todo lo demás. Por eso el paper dedica su desarrollo a la selección, instalación y uso adecuado de recubrimientos antes de aplicar el aislamiento. Lo que se hace en ese momento, con la tubería desnuda, define los próximos veinte años. No es casual que la norma IIAR 4 trate el aislamiento como parte de la instalación, no como un acabado: este paper explica el porqué.

Dónde mirar primero

La CUI no ataca parejo. Los puntos críticos son los de siempre: terminaciones y remates del aislamiento, penetraciones de soportes, válvulas y accesorios donde la barrera de vapor se interrumpe, tramos a la intemperie, y cualquier lugar donde se vea la barrera dañada, hundida o con manchas de óxido sangrando por las costuras. Ese hilo de óxido que asoma es el síntoma tardío: para cuando se ve desde afuera, adentro lleva tiempo trabajando.

El consejo práctico

Sumá a tu ronda de inspección los puntos donde el aislamiento se interrumpe y buscá tres señales: barrera de vapor dañada, aislamiento que suena o pesa distinto (mojado), y manchas de óxido en costuras y remates. Ante la duda, abrir una ventana de inspección en el punto sospechoso cuesta poco; descubrir la pared de la tubería adelgazada durante una fuga cuesta lo que ya sabés. Y en la próxima obra, exigí el revestimiento del metal antes del aislamiento: es el seguro más barato que vas a comprar.

La semana próxima seguimos con la familia de la corrosión, pero en su versión más insidiosa: el agrietamiento por corrosión con esfuerzo en recipientes de amoníaco.

Fuente: P. Dunn y R. Norsworthy, «Corrosión de equipo y tuberías bajo el aislamiento», Trabajo Técnico #4, IIAR Ammonia Refrigeration Conference, 2008. Thermomac es miembro corporativo del IIAR.

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